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Al caer la noche

Estío

En canícula decreciente y pasadas las lluvias que han traído algo de fresco a la ciudad y hacen posible los paseos nocturnos, encuentros entrañables con amigos, risas, distensión y disfrute, es, en mi opinión, el tiempo del auténtico veraneo.

 

Me gusta como transcurre esta estación que camina hacia el equinoccio de otoño. Se desliza entre mis manos y las hojas del libro que ahora disfruto. El día es largo, hay tiempo para todo. El desayuno apacible, la lectura de la prensa, monotemática con el órdago soberanista, que a partir de ahora intento pasar por alto: ya me impliqué en ello, saqué mis conclusiones, pagué alguna factura y tengo clara mi idea de no participar en nada que se proponga con una finalidad de razonamiento tan abstruso. No es una decisión vacía, sino elaborada y contrastada con mis propios argumentos y los de amigos que han aportado claridad a mis dudas. No intento convencer a nadie con mi postura, es la mía, pero tampoco nadie me ha convencido de lo contrario, pese a que he sido bien informada por personas que respeto pero que son de opuesto criterio.

Volvamos al verano. Adoro la sencillez con que transcurre la vida, el tiempo dedicado a preparar comidas ligeras, ensaladas que acompaño del recién descubierto vino Lambrusco bien frío que he incorporado a la mesa, este vino italiano de uva tinta nos lleva a un sentimiento festivo. Y por encima de todo la paz, que nada entorpezca esa paz que proporciona la distensión, la ausencia de timbres telefónicos y despertadores, solo quiero escuchar el ronroneo de mi gata Bosquina al acariciarla.

 

A las siete de la tarde cuando salgo a mi terraza a tomar el sol interrumpo el silencio solo con música pero de modo íntimo, con mi ipod, para no alterar el escenario de los demás. Me acomodo en la hamaca, momento en que me invade la visión azul del cielo y el verde que rodea el entorno. Justo entonces, Bosquina pide salir conmigo y se acomoda bajo una mesita de mimbre que sostiene una planta con largas hojas que se convierte en un buen refugio felino. Y entonces ella cree, supongo, que se trata de su selva y desde esa posición mira y cree no ser vista , solo se sobresalta si alguna paloma se aproxima, también me sobresalto yo, que veo aflorar su instinto y acomodar pupilas, belfos y vibrisas para emprender el ataque. Nunca estoy segura de su conciencia del riesgo, no vaya a saltar al vacío tras la presa voladora.

 

Y finalmente llega la hora azul que lo baña todo de cierta ingravidez mágica. Son unos pocos minutos en los que que aún hay luz pero no la suficiente para formar sombras proyectadas en el ambiente.

 

 

de Mariana Bellido el 13/08/2017

Comentarios:

Bosquina el 13/08/17 a las 11:38
Me encanta

Jajaja, Buen domingo FRX. El cava nunca puedo abandonarlo"del todo" tiene connotaciones para mi que no deseo perder, tal vez, solo está esperando ser compartido y se trata de un cambio puntual veraniego. Muy aguda tu reflexión. Gracias por estar aquí.

Bosquina el 13/08/17 a las 11:34
Me encanta

Que vivan siempre!!!! Y que sean felices However.

FRX el 13/08/17 a las 10:46
Me encanta

Ohhh apreciada Mariana!! Has dejado el cava de tus escritos, para pasarte al lambrusco italiano.... jajaja. ¿rechazo subliminal independentista?.

However el 13/08/17 a las 10:27
Me encanta

Viva el Lambrusco y los domingos con tus escritos!!!

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